Unas clases de salsa diferentes

No hace falta una ropa especial para aprender a bailar salsa.
Baila salsa con la ropa que quieras

El otro día, saliendo de la oficina, me encontré a mi amiga Josefina. Llevaba años sin verla y me costó reconocerla al principio:  tenía 10 kilos más desde la última vez que la vi, se había cortado el pelo como un chico y se lo había teñido de negro.

Me contó que estuvo 6 meses fuera de Málaga, trabajando de azafata de congresos en Milán, pero que se le había acabado el contrato y ahora estaba en paro.

Hablando, hablando, me dijo que se había apuntado a una academia de salsa la semana anterior y que justo al día siguiente por la tarde tenía su segunda clase.

Nico, su novio argentino, no se decidía aún a acompañarla, pero al parecer lo tenía ya medio convencido. El caso es que insistió en que me apuntara con ella.

Me explicó que el profesor era un tío muy raro y un poco borde, pero que enseñaba rápido y bien, y que además yo lo iba a flipar porque había una chica en clase que bailaba medio desnuda.

Imaginé que se estaba quedando conmigo, pero como bailar salsa era una de mis asignaturas pendientes, decidí no pensármelo más y acompañar al día siguiente a Josefina.

Me ofrecí a llevarla en mi coche esa noche hasta la academia, para así no ir solo, ya que allí no conocía a nadie y me daba un poco de corte.

Nos topamos con un embotellamiento de coches en la salida de la autovía y al final llegamos 15 minutos tarde.

Lo primero que me encontré cuando llegamos a la academia, y mientras me acercaba al aula por el pasillo, fue un culo con unas bragas rojas.

Me quedé tan impactado que me paré unos segundos antes de entrar, miré a amiga Josefina y le dije “yo me voy”. Pero ella me cogió del brazo y me arrastró dentro de la clase.

La chica de las bragas rojas estaba haciendo una figura, como el resto de alumnos, que el profesor llamaba “ciento ochenta mientras giramos a la derecha”. Y justo estaba ella de espaldas haciendo ese giro cuando yo entré en clase.

Josefina no mentía: en aquella academia tan rara había una chica bailando en ropa interior, como si fuera lo más normal del mundo. Era la primera vez que veía algo así.

Soy un hombre y no puedo decir que me disgustara la idea de tener un culo cerca para poder mirarlo a mi antojo, pero aparte de eso pensé que pobre chica el frío que estaría pasando. Seguramente su jefe (el marroquí barrigón que impartía la clase) la obligaba a vestir así y a trabajar los días de fiesta.

Cuando bailé con ella la primera vez en clase, reconozco que lo pasé mal. Bailar me da mucha vergüenza y encima tener a una tía medio en bolas delante, ponerle la mano en la espalda desnuda y cogerle las manos para marcarle las figuras, no ayuda nada.

También pensé que sería un marrón tener una novia así. Imaginé que viviría sola porque difícilmente sus padres la iban a dejar salir vestida de esa forma. ¿Os imagináis llevándola a una comida familiar con esas pintas y presentándola a la familia? Buffff, yo no sería capaz. Y claro, luego sal a bailar con ella por ahí de esa guisa…: Tú con tu novia al lado y todos los tíos del bar mirándole el culo y las tetas y comentando que la niña lleva hoy las bragas verdes o rosas.

La academia en general me gustó salsamalaga, pero la salsa me pareció muy difícil y además el profesor estuvo media clase llamándome máquina por no sé qué historia del uno y de que iba al revés.

No he vuelto más, pese a la bronca que me echó mi amiga Josefina.

Autor: Pepelu

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Baile para bodas en Málaga

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