Academia de salsa nudista

Bailar salsa te permite que puedas bailar con la ropa que estimes más oportuno.
Baila con la ropa que más te guste

La semana pasada me apunté a clases de salsa. No había probado antes este baile, así que era mi primera vez. Hice caso de las indicaciones que me daban en la propia web de la academia, y me vestí con ropa cómoda y sobre todo con un calzado adecuado y salí de casa para ir a bailar (o al menos a intentar aprender).

Como siempre que voy a llegar a lugar nuevo y a iniciarme en una nueva actividad, aquella tarde tuve una mezcla de ilusión, nervios y curiosidad.

No quería ser la primera en aparecer, ni tampoco la última y que la clase ya estuviera empezada, así que hice gala de la máxima puntualidad.

Al subir las escaleras hacia la academia, me encontré con dos chicas y un chico que me preguntaron si yo iba las clases de salsa. Les dije que sí y me explicaron que también eran novatos. Así que entramos los cuatro juntos.

El aula no me pareció gran cosa, pero era aceptable para bailar.

Un señor gordito, vestido de negro, con pinta mitad marroquí, mitad sudamericano, nos dijo hola de forma despreocupada con un acento indefinido que no supe reconocer.

Le preguntamos si él era Antonio y dijo que sí, y que además, teníamos que aprendernos los nombres de todos nuestros compañeros.

En los minutos siguientes fueron llegando más personas a clase, y así nos fuimos presentando entre nosotros.

A los pocos minutos el profesor dijo que empezábamos y que nos pusiéramos todos frente al espejo.

Estaba Antonio explicando el paso básico cuando entró a clase una chica de edad indefinida con un chaquetón largo y negro. Dijo hola sin mucho énfasis, colgó el bolso en el perchero y se quitó el abrigo.

Se me quedó cara de sorpresa al ver que la chica, que se colocó entre los demás alumnos y empezó a hacer básico como si fuera lo más normal del mundo, iba vestida (por llamarlo de algún modo) con un sujetador negro, un pareo transparente de color plata y unas bragas negras, que además se le metían por el trasero.

Yo no podía entender por qué venía vestida así. Parecía que se hubiera equivocado y en lugar de tirar para la playa, había venido por error a clases de salsa.

Pero claro, no podía ser una equivocación, porque estábamos en enero y el termómetro de mi coche, justo antes de aparcarlo yo ante la academia, marcaba 10 grados.

Lo primero que pensé es que esa chica no estaba muy bien. A nadie en su sano juicio se le ocurre venir vestida en ropa interior con este frío. Iba a pasar un montón de fresco y se iba a resfriar. Además, se le veía casi todo el culo. ¿A qué venía eso?

Me pregunté si trabajaría allí y si era sí pensé que pobrecilla lo que le hacían vestir para ir al trabajo…

Y si no trabajaba allí, yo no lo entendía. No me parecía bien que alguien fuera a una clase de salsa vestida así. La chica se ve que tenía ánimo de notoriedad y que quería que todo el mundo la mirara.

A mí me pareció que más bien hacía el ridículo.

También pensé que ni de coña le diría a mi novio ahora que viniera a clase conmigo a aprender salsa, para que la tía esa estuviera otra vez ahí enseñando el culo.

Si el profesor hubiera preguntado a las chicas con pareja, si estaban conformes con que esa guarrilla viniera así, seguro que por unanimidad hubieran dicho que no, que no les parecía bien.

Tu pareja no iba a poder dejar de mirarle el culo a una tía vestida así. Yo misma no podía evitar mirarla y eso que no me gustan para nada las mujeres.

Me pareció mal y creo que el profesor debería poner alguna regla para no dejarla ir así a la academia de baile. No es lugar para vestirse de esa forma. Si quiere enseñar el culo, que se vaya a la playa.

Pero claro, esa lo que quiere es lo que quiere.